Integración política: un nuevo camino hacia la integración latinoaméricana (1)

Documento para el Foro de Biarritz

Francisco Rojas Aravena
Josette Altman
Tatiana Beirute
Secretaria General. FLACSO

Los riesgos para la democracia, la estabilidad, el desarrollo humano y la integración se han incrementado de manera fundamental con la crisis financiera global, que expresa el agotamiento del modelo neoliberal.

Durante casi tres décadas este paradigma primó en el mundo, y con él la desregulación del mercado. La crisis muestra sus graves repercusiones tanto en los países desarrollados como en los en desarrollo. Sus repercusiones afectan al mundo entero. Los mecanismos internacionales que deberían haber alertado y establecido señales de alarma no previnieron y tampoco previeron las graves consecuencias de la desregulación ni de la recesión resultantes. Un capitalismo centrado en la especulación y no en la economía real hace crisis y desmorona Estados, instituciones, riqueza generando deudas a la vez que erosiona los regímenes democráticos de Occidente. También pone en peligro al mayor proceso de integración: la Unión Europea (UE). Este proceso de integración posibilitó más de medio siglo de paz y estabilidad en esa zona y proyectó estabilidad y la mayor cooperación internacional al desarrollo en diversas regiones del planeta. En la actualidad, dada la profundidad de la crisis, algunos autores señalan que “es hora de pensar lo impensable"2, al señalar que algunos países deberán salir de la zona Euro y la UE deberá tomar medidas institucionales, incluido un nuevo tratado. Como consecuencia de los impactos sociales y políticos de esta crisis, y de sus resultados catastróficos en muchos países, se cuestiona la capacidad de los liderazgos nacionales e internacionales sobre la gobernanza global y sobre la habilidad para la estabilización democrática nacional. Los impactos sociales llevan a una mayor exclusión de sectores que demandan atención y que se resisten a caer en la pobreza. Esta exclusión además tiende a vincularse con miradas con un mayor peso nacional incrementando la xenofobia. Todo ello en un contexto en el cual el internet posibilita y facilita la interconexión entre actores a nivel local, nacional y mundial. En la actualidad lo que ocurre en cualquier parte del mundo genera reacciones y respuestas también en cualquier otra parte del mundo. La región latinoamericana no escapa de este proceso de cambios y transformaciones. Es así como se reafirma la democracia, la integración y el multilateralismo; a la vez que se busca enfrentar la inseguridad y la violencia y otros riesgos y amenazas.

En este trabajo analizamos los desarrollos en los procesos de integración en la región latinoamericana y caribeña.

1. Introducción

La integración es un medio para alcanzar metas políticas, económicas, sociales y culturales. Es un camino que debería posibilitar que mejoren las condiciones para la inserción internacional, para ampliar y consolidar el desarrollo otorgándole sustentabilidad, a la vez que mejora el bienestar de la población, y consolida la estabilidad y la paz. Es decir, la integración debe constituirse en un proyecto político estratégico3. La base esencial para ello es pensar y sentir de manera compartida, para construir una voz común en áreas sustantivas que permitan alcanzar las metas propuestas.

El proyecto político estratégico que debe ser promovido por los procesos de integración es necesario en tiempos de globalización. La globalización es el factor que mayor incidencia posee en el sistema de actores y agentes económicos, políticos, sociales y culturales, tanto en la jerarquización de éstos como en sus capacidades de acción y reacción. Dicho fenómeno -entendido en sus múltiples componentes y no sólo en el económico y comercial- es el factor crucial en las relaciones de poder mundial, con la excepción del poder militar. El peso de las variables externas es cada vez mayor en la política doméstica, estableciendo condicionalidades sobre las decisiones del desarrollo nacional impensables en la lógica del “orden wesfaliano”. De allí la importancia de generar visiones, orientaciones y coordinaciones sobre este conjunto de acelerados cambios.

La emergencia de una nueva agenda internacional, en donde crecientemente se ubican temas globales y transnacionales, obliga a la región latinoamericana a diseñar respuestas coordinadas y asociativas entre los Estados, y entre estos y los actores no estatales, para enfrentar estos procesos y sus consecuencias
nacionales y regionales. La asociación para la cooperación aparece como una demanda efectiva que se debe enfrentar si se quieren satisfacer los intereses nacionales. De allí la necesidad de superar las deficiencias del multilateralismo y avanzar hacia un modelo de mayor cooperación, dentro de un marco que
busque concitar reglas básicas de convivencia y las normas que posibiliten una vida en común que aminore el conflicto y la polarización, y que potencie la participación y la consulta entre los países de la región.

Sin embargo, hasta el momento la región ha demostrado ser incapaz de plantear y diseñar un proyecto político estratégico que le permita presentarse como actor importante y unido en el escenario internacional. La dispersión que evidencia América Latina y el Caribe posee consecuencias negativas importantes para los países que la conforman, particularmente porque los hace más vulnerables al impacto de la globalización, se dejan de percibir los aspectos positivos y se abren mayores espacios para el impacto del lado oscuro de la globalización y de sus guerras. En síntesis, la falta de cohesión y de proyectos estratégicos de la región aumenta los costos de transacción para todos, independientemente del tipo de proyecto político nacional que se impulse.

A pesar de que los procesos de integración latinoamericanos muestran importantes flaquezas, no se puede obviar que durante los últimos años se desarrollaron en América Latina y el Caribe significativos proyectos y acuerdos que podrían contribuir a generar un mejor clima de oportunidades a dichos procesos. Se han establecido y desarrollado una serie de nuevas iniciativas tendientes a la conformación de acuerdos de libre comercio, uniones aduaneras o sistemas de integración amplios, orientados hacia la conformación
de comunidades comerciales-económicas y/o políticas subregionales. Estas renovadas iniciativas buscan superar procesos de integración de larga data, la mayoría provenientes de fines de la segunda post Guerra Mundial.

Línea del tiempo mecanismos de integración en América Latina y el Caribe. 1940-2011

El resultado neto de este fenómeno, sin embargo, se expresa en un “exceso” de iniciativas y propuestas que, no obstante su relevancia política y a pesar de ella, no han sido capaces de articular una visión más global de la región y más bien han tendido a fragmentarla. En términos comerciales los avances parecieran ser más evidentes en algunas subregiones.

2. La importancia de la integración política

Privilegiar la dimensión política y de cooperación de los procesos de integración es importante. Independientemente de la importancia que con razón se atribuye a las agendas complementarias de competitividad, de innovación y de apoyo al libre comercio en la mayor parte de los países de la región, resulta necesario enfatizar que la integración como objetivo histórico no puede y no debe ser equiparada con los procesos de apertura comercial. De hecho, esta apertura sólo tiene sentido –en una perspectiva de largo plazo- si viene acompañada de procesos de armonización y articulación regional crecientes, basados en un efectivo diálogo político; en un conjunto de entendimientos compartidos, y sustentados en una adecuada normativa y acompañados por una mínima estructura institucional, y en el afianzamiento de una confianza reciproca, que permita darle seguimiento a los acuerdos, y transformarlos en cursos de acción efectivos como una de las tareas esenciales para afianzar el proceso.

Los temas claves que inhiben a los procesos de integración continúan siendo de naturaleza principalmente política. Dicen relación con la ausencia de incentivos lo suficientemente grandes como para vencer la falta de voluntad de los países de la región de trasladar, a entidades supranacionales, potestades que hasta la fecha siguen siendo celosamente preservadas como parte del fuero interno del Estado Nación definido en su acepción más tradicional. El tránsito desde la soberanía tradicional a una de carácter agregado, es decir, a una soberanía mayor producto de la asociación, es aún lento. Los tiempos de construcción de acuerdos vinculantes y de marcos institucionales de complementación y asociación efectivos son prolongados.

En la actualidad los procesos integradores sufren de un déficit de certidumbre respecto a la aplicación de los acuerdos adoptados. Estos, incluso siendo vinculantes, no se cumplen y ello es el resultado, entre otras razones, de las debilidades en las normas y reglas jurídicas. Sin un mayor peso institucional que sea capaz de efectivizar los acuerdos presidenciales y ministeriales en propuestas específicas y en normas nacionales vinculantes, los agentes económicos tendrán pocos incentivos para realizar inversiones y desarrollar los procesos que se busca fomentar. Por el contrario, se genera una fatiga con el proceso integrador que redunda en su retroceso; y esto en definitiva se manifiesta en acuerdos y consensos de más alto nivel que no se traducen en cursos de acción efectivos que llevan a que las percepciones sean cada vez menos positivas. A ello se suma la menor legitimidad que tiene la integración política respecto a la económica en las poblaciones. Los y las latinoamericanos apoyan en un 71% la integración económica de América Latina, frente a un 59% que apoya la política. En ningún país de la región esta tendencia se revierte4. Una posible línea de acción para romper esta inercia, sería plantearse que la inversión más rentable es aquella que se hace para invertir en credibilidad; y también para desarrollar mecanismos de confianza recíproca que fortalezcan los procesos de integración.

La construcción de un sentido estratégico requiere de una visión que marque un derrotero, que defina las metas que quieren ser alcanzadas, que establezca los recursos –humanos, materiales, tecnológicos- y establezca los cursos de acción preferentes, a partir de una cada vez mayor coordinación entre los principales actores involucrados en el proceso.

La carencia de una visión estratégica genera mayores dificultades políticas, abre más espacio para los conflictos, tiende a diferenciar y polarizar los intereses y las asimetrías aparecen como insuperables. De allí que la construcción de un sentido estratégico será un factor crucial para el éxito de los procesos de coordinación para incrementar las complementariedades y los procesos de integración en América Latina y el Caribe.

La tensión entre las necesidades de coordinación global y regional, sobre todo en el contexto de la crisis global y la recesión de los principales países desarrollados, solo puede ser resuelta cuando existe un sentido estratégico. Sin él tienden a primar los intereses locales y la preocupación de corto plazo. Sin un sentido y proyección estratégica los impactos de la crisis agravarán las inequidades, la recesión llevará a un numero significado de familias a la pobreza y se incrementará la desconfianza en las políticas y en la democracia. Las iniciativas de integración perderán fuerza. Superar el corto plazo y las miradas locales demanda construir una visión político-estratégica y desarrollar acciones en concordancia, en particular construyendo bienes públicos regionales capaces de enfrentar los riesgos de la globalización y las amenazas transnacionales. Construir una perspectiva político-estratégica conlleva también construir un discurso político para ese efecto. Al cambiar el discurso es factible cambiar los cursos de acción. La nueva proyección del desarrollo regional ha comenzado a transformar los discursos y de, manera insipiente, los cursos de acción, principalmente, en relación con las dimensiones políticas.

3. Diferencias subregionales en los modelos de integración: América del Norte y América del Sur

Numerosos autores coinciden en que uno de los principales cambios que han sufrido los procesos de integración en los últimos años se manifiestan en el abandono del modelo de regionalismo abierto como prioridad de los esfuerzos de integración de la región, dando paso a una nueva forma de regionalismo y asociación. Diversos autores llaman a esta nueva fase del proceso de integración regional “regionalismo posliberal”, cuya característica principal ha sido ya no priorizar en los temas de apertura comercial e integración económica, centrando su atención en el ámbito más político donde el Estado vuelve a tener un papel protagónico.5

El nuevo regionalismo se expresa principalmente en la construcción de bloques de resistencia. El reconocimiento del regionalismo como fenómeno multidimensional y multifacético marcan el comienzo de una nueva etapa “(…) donde el factor político interno y los arreglos institucionales generados a partir de lo doméstico, con relación a lo internacional constituyen el marco conceptual del paradigma del regionalismo como construcción de bloques de resistencia”6.

La aparición de asociaciones políticas, que van adquiriendo mayor importancia respecto aquellas de tipo comercial promovidas en la década de los noventa, las cuales parten sobre la base de intereses comunes pero más aún “(…) se levantan sobre alianzas estratégicas y se expresan sobretodo en dispositivos colectivos de seguridad y defensa”7.

Existe entonces cierto consenso en apuntar hacia la aparición de una nueva forma de regionalismo e integración en la región donde priman los aspectos políticos sobre los comerciales y en donde el tema de la soberanía ha adquirido especial importancia. Es decir, se tiende a la aparición de “un proceso de regionalismo con características propias”8. Y se abandona el vínculo inmediato que convertía en casi sinónimos la idea de integración regional y las acciones de convergencia comercial y económica.

Esta tendencia es más evidente en los países sudamericanos que en México y Centroamérica. A nivel subregional es claro que las estrategias y prioridades de la integración son diferentes entre el Norte y el Sur de América Latina. Los nuevos instrumentos creados por este tipo de regionalismo, como por ejemplo, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) reivindican los esfuerzos puramente suramericanos, al tiempo que excluyen, de forma explícita, a los Estados Unidos9. Esto no se observa de forma tan marcada en los países centroamericanos y México, donde los vínculos con Estados Unidos son más estrechos y continúan dándose en condiciones de poder desiguales, y en donde los proyectos de integración regional no han adquirido ese fuerte componente político. Los esfuerzos en este ámbito desarrollados desde el Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla no son comparables a los desarrollados desde la UNASUR. Es importante señalar que el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), dada las demandas en el ámbito de la seguridad, estableció y construyo una visión regional centroamericana para alcanzar un apoyo político en la conferencia regional sobre seguridad de Centroamérica celebrada en Guatemala. Este aspecto fue clave en su éxito para la búsqueda de soluciones frente a la mayor presencia e impacto del crimen organizado.

Cabe mencionar que en términos de América Latina como conjunto sí se observan esfuerzos encaminados a esta nueva forma de regionalismo que privilegia la integración política. Por medio del Grupo de Río y la CALC se busca conformar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), como analizaremos más adelante.

3.1 Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR)

La idea de constituir un bloque que agrupe a todos los países sudamericanos surgió en el 2000, con el establecimiento de la Unión Sudamericana de Naciones. No fue hasta la III Cumbre Presidencial Sudamericana, realizada en 2004, en Perú, que se firmó el Acta Constitutiva de la Comunidad Sudamericana de Naciones. El éxito de esta reunión se debió en gran medida al acuerdo comercial logrado entre la CAN y el MERCOSUR también en el 2004. En esa ocasión los acuerdos promovidos fueron más allá de la idea inicial de un área de libre comercio sudamericana optando por promover un acuerdo de desarrollo geopolítico inspirado en la experiencia de la Unión Europea10.

Los 12 países miembros de la Comunidad Sudamericana de Naciones (los cinco Estados del MERCOSUR -Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela-, los cuatro países miembros de la CAN -Bolivia, Perú, Ecuador, y Colombia-, así como Chile, Guyana y Surinam) realizaron dos Reuniones de Jefes de Estado en 2005 y 2006, pero fue en el marco de la I Cumbre Energética Sudamericana celebrada en Venezuela en 2007 que acordaron cambiar el nombre al mecanismo, el que pasó a ser conocido como Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) 11.

Adrián Bonilla y Guillaume Long afirman que entre las razones de la creación de la UNASUR están el agotamiento de la efectividad y del consenso en torno al sistema interamericano actual; el debilitamiento de los ejes tradicionales de la integración regional de América del Sur (CAN por las distintas visiones políticas y de desarrollo entre sus miembros y MERCOSUR por las crisis económicas y sus grandes asimetrías); y, por el fracaso de la propuesta de acumulación del ciclo neoliberal y el deterioro social que conllevó a un cambio en el mapa político regional. Aunado a lo anterior, está la paulatina mejoría de los términos de intercambio para los productores de materias primas sudamericanas, lo que auguró un nuevo ciclo de afianzamiento estatal de proteccionismo selectivo y mayor nacionalismo económico.12 En términos generales, los autores establecen que el nuevo regionalismo sudamericano pareciera entender al comercio como un instrumento de integración política y no como el objetivo final de la misma.13

El proceso de la UNASUR ha sido de claroscuros. El 23 de mayo de 2008 se realizó en Brasilia la Cumbre Extraordinaria de la UNASUR donde se aprobó su Tratado Constitutivo, el cual entro en vigencia oficialmente el 11 de marzo de 2011.

La UNASUR se plantea con tres prioridades principales14: infraestructura, energía y defensa. Respecto al tema de la infraestructura en el año 2011 se logró que la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) forme parte de la UNASUR. En lo que refiere a la defensa, el hecho de que algunas de las reuniones del Consejo de Defensa, que en principio está conformado por Ministros, se hayan realizado a nivel presidencial, demuestra la importancia que este ámbito posee en la UNASUR.

Pero más allá de estas tres prioridades a las que se suman los temas financiero- económicos y la integración social, la UNASUR ha sido muy exitosa en términos de concertación política de alto nivel, incidiendo de manera central en tres episodios de mucha relevancia15: en la crisis sufrida en Bolivia en 2008, en la que tras una Cumbre Extraordinaria se acordó que ningún país suramericano reconocería a un gobierno que resultara del conflicto que no fuera el del presidente Evo Morales. Un segundo momento fue durante la crisis entre Colombia y Venezuela, tras la incursión militar de Colombia en territorio ecuatoriano para atacar un campamento de las FARC en el año 2008. Y por último, en la situación de crisis policial que debió enfrentar el presidente de Ecuador, Rafael Correa, a fines de 2010, en donde luego de una Cumbre Extraordinaria se optó por enviar a los cancilleres suramericanos a Quito para apoyar el proceso de recomposición del orden nacional. Una consecuencia fue que en la IV Cumbre de la UNASUR realizada en Georgetown, Guyana, los mandatarios y mandatarias aprobaran el “Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de UNASUR sobre Compromiso con la Democracia” donde se manifiesta el apoyo total al orden constitucional democrático de los países el cual se establece como condición esencial.

A nivel internacional en el marco de UNASUR los países miembros han evidenciado fuertemente su posición en algunas temáticas, dos de ellas han sido respecto a la migración, particularmente en respuesta a la llamada Directiva del Retorno impulsada por la Unión Europea, y la cooperación en desastres naturales, es especial respecto a los terremotos en Haití y Chile a inicios de 2010. Por otro lado, el diálogo instalado a nivel suramericano ha posibilitado profundizar la relación con otras regiones. Ejemplo de ello son las dos Cumbres de América del Sur- África (ASA), y las dos Cumbres de América del Sur – Países Árabes (ASPA).

El proceso de la UNASUR no ha estado exento de controversias y dificultades. De hecho, las diferencias entre algunos países suramericanos han imposibilitado la concreción de acuerdos de diversa índole, particularmente sobre seguridad y desactivación o disminución de las tensiones entre los países. Temas como el Acuerdo suscrito entre Estados Unidos y Colombia para la instalación de bases militares estadounidenses en ese país acaparó mucha de atención en la región. Vale la pena destacar que finalmente se lograron los consensos para superar las diferencias, lo que reafirmó la importancia del dialogo político y de un diseño estratégico de mayor autonomía subregional.

3.2 Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla y el proyecto Mesoamericano

Este mecanismo fue creado en 1991 y actualmente lo conforman Belice, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana. Se trata del único mecanismo de concertación política formal en el Norte de América Latina.

A diferencia de la UNASUR el protagonismo y la incidencia de este mecanismo ha sido mucho menor y ha estado opacado principalmente por las acciones y acuerdos que se desarrollan en el marco del Proyecto Mesoamérica. De hecho las cumbres presidenciales de ambas iniciativas se realizan conjuntamente.

El Proyecto Mesoamericano, en el que participa además Colombia, ha venido haciendo importantes esfuerzos en términos de interconexión (eléctrica y de infraestructura) y de comercio entre los países y territorios miembros, sin embargo entre sus objetivos no está el de ser un mecanismo de integración política. De hecho “no es en sí mismo un proceso de integración, aún cuando está claro que contribuye a la integración de la hoy denominada región mesoamericana”16

De modo que en el caso de la América Latina del centro y Norte pareciera que el impulso se centra en una integración que aborda temas y preocupaciones esencialmente comerciales y de infraestructura. Los temas de posicionamiento político y de desarrollo de una perspectiva político-estratégica, al menos a nivel subregional, no se han desarrollado.

Es importante señalar la dinámica especial que adquiere el tema de la seguridad en esta subregión, particularmente respecto al combate al narcotráfico y el crimen organizado. Dado que se trata de una problemática que afecta de manera especialmente importante a esta zona se han empezado a desarrollar acciones conjuntas para su combate, lo que se ha fortalecido por el hecho de que iniciativas estadounidenses como el Plan Mérida consideran a México y Centroamérica en su conjunto. La búsqueda de acuerdos tuvo su mayor expresión en la I Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, organizada por el SICA en Guatemala en el mes de julio del 2011. Esta instancia convocó a todos los presidentes Centroamericanos, de República Dominicana, a los presidentes de Colombia y México, a la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, de España y a Ministros de Relaciones Exteriores y altos funcionarios de alrededor de 57 Estados y organismos internacionales.

4. Los esfuerzos regionales: del Grupo de Río a la CELAC

Desde su independencia los países latinoamericanos y caribeños han desarrollado distintos esfuerzos es pos de la integración regional. En el ADN de América Latina está la integración. Sin embargo la mayoría, de los procesos históricos de postguerra, como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), han centrado su atención en la integración comercial. Quizás no fue hasta la creación del Grupo de Río, en 1986, que logró crearse un mecanismo latinoamericano y caribeño que respondiera a la necesidad de estructurar – en lo político y estratégico – una visión compartida, no competitiva, entre las subregiones; una visión complementaria que superase las diferencias en un proyecto más amplio de concertación e interlocución, y que le otorgase relevancia al conjunto de la región, en un momento histórico en que ésta poseía un menor peso en el sistema internacional; dada la omnipresencia de la Guerra Fría, las turbulencias de la guerra en Centroamérica y los inicios de las transiciones democráticas en América del Sur.

El Grupo de Río17 logró conformar un conjunto sólido de principios compartidos y construir consensos esenciales para atender los desafíos de la región –en ese complejo contexto hemisférico e internacional-, en especial en el terreno de la paz, la democracia y el desarrollo. Fue un proceso de luces y sombras. El logro más significativo ha sido el mantenimiento de la paz y la estabilidad interestatal, sobre la base de soluciones latinoamericanas a los problemas latinoamericanos.

Además el Grupo de Río logró en los últimos años rearticularse como proyecto regional latinoamericano y caribeño por sobre las diferencias de los proyectos subregionales que dividen a la región, en especial entre la América Latina del norte y del sur.

El gobierno del presidente de México, Felipe Calderón, tomó la decisión de buscar opciones institucionales que permitieran superar la instancia del Grupo de Río. En la Cumbre de la Unidad, celebrada en Cancún a inicios del año 2011 surgió la iniciátiva de la CELAC.

4.1 Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)

Si bien es cierto la idea de crear una organización de Estados latinoamericanos y caribeños no es nueva y su necesidad ha sido señalada por numerosos líderes de la región, la creación de la CELAC se desprende principalmente de los esfuerzos concretos de dos de los actores de mayor peso en la región: Brasil y México.

La idea de creación de este organismo regional refleja dos características de la nueva modalidad de integración regional: la amplitud temática y la amplitud geográfica18, desarrollado sobre la base de la Diplomacia de Cumbres.

4.1.1 La Cumbre América Latina y el Caribe: La Propuesta Brasileña (CALC)

Los días 16 y 17 de diciembre de 2008, por iniciativa del gobierno de Brasil, representantes de los 33 países latinoamericanos y caribeños se reunieron en Costa de Sauípe, Bahía, Brasil, para llevar a cabo la primera Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC). Ello se enmarca en la búsqueda de una mayor autonomía de América Latina y el Caribe. La Cumbre congregó a 31 mandatarios y mandatarias de los países de la región –únicamente los presidentes de Colombia, Álvaro Uribe, y de Perú, Alan García no asistieron. En la Declaración de Salvador de Bahía las y los Jefes de Estado y de Gobierno “señalaron la importancia de que el diálogo y la cooperación entre los países latinoamericanos y caribeños generen resultados tangibles y beneficios mutuos, acordes con las altas aspiraciones de desarrollo y prosperidad de sus respectivas sociedades, teniendo como base el intercambio de experiencias y de conocimientos y con fundamento en el patrimonio acumulado por las instituciones regionales existentes”19.

Asimismo, la Declaración de Bahía dejó plasmadas las áreas que las naciones latinoamericanas y caribeñas consideraron que debían establecerse como prioritarias en una agenda común latinoamericana:

1) Cooperación entre los Mecanismos Regionales y Subregionales de Integración
2) Crisis Financiera Internacional
3) Energía
4) Infraestructura física
5) Desarrollo Social y Erradicación del Hambre y de la Pobreza
6) Seguridad Alimentaria y Nutricional
7) Desarrollo Sostenible
8) Desastres Naturales
9) Promoción de los derechos humanos y combate al racismo
10) Circulación de personas y migraciones
11) Cooperación Sur- Sur
12) Proyección de América Latina y el Caribe.

Un año después, en noviembre de 2009, los Ministros de Relaciones Exteriores de América Latina y el Caribe se reunieron en Montego Bay, Jamaica, para establecer el Plan de Acción de la CALC con miras a poder implementar los compromisos asumidos por los mandatarios y las mandatarias en la Cumbre en Salvador de Bahía. Allí concordaron una decena de áreas de acción, desde lo político a temas referidos a cambio climático y desastres naturales.

La segunda Cumbre CALC se realizó en febrero de 2010 en el marco de la Cumbre de la Unidad, en Cancún, México.

4.1.2 La Unión Latinoamericana y del Caribe (ULC): La propuesta de México

En el año 2008, el Gobierno de México expresó su interés por conformar una Unión Latinoamericana y del Caribe (ULC) y lo ratificó en el año 200920. Dicha propuesta parte de los logros alcanzados por el Grupo de Río y que estos sirvan de base para la constitución de la nueva organización regional.

Los principios que orientarían las acciones de la ULC, siguiendo lo establecido en la Declaración de Salvador de Bahía son: solidaridad, flexibilidad, pluralidad, diversidad, complementariedad de acciones, participación voluntaria en las iniciativas. Además, se enmarcaría en la búsqueda de un desarrollo regional integrado, no excluyente y equitativo. De igual manera, en la formación de un orden internacional más justo, equitativo y armónico; así como del aseguramiento de la igualdad soberana de los Estados, del respeto a la integridad territorial y a la no intervención. Todo esto englobado en la promoción de la democracia, los derechos humanos, la transparencia y la representatividad.

Como premisas generales de la Unión Latinoamericana y Caribeña proponían que la nueva instancia: a) no genere burocracias adicionales; b) defina una agenda propia; c) no duplique esfuerzos; d) no se conciba como un mecanismo excluyente sino complementario de otros foros; e) alta flexibilidad; f) bajo las reglas del consenso (no objeción); g) autonomía e independencia.

La pretensión era que el nuevo Foro se constituyera en un espacio de diálogo y concertación política a partir de las seis funciones del Grupo de Río: a) Diálogo y concertación política, b) Interlocución con otros actores, c) Concertación de posiciones comunes en foros internacionales, d) Impulso a la agenda latinoamericana y caribeña en foros globales, e) Posicionamiento de ALC ante acontecimientos relevantes, y f) Convergencia de mecanismos subregionales de integración.

La estructura institucional estaría conformada por 1) Cumbre de Presidentes, 2) Reunión Ministerial de Cancilleres, 3) Encuentros de Altos Funcionarios, 4) Grupos de Trabajo, y 5) Una Secretaría Pro Témpore, rotativa cada 2 años.

Reconociendo los acuerdos logrados en la CALC, la propuesta sugería la convergencia de la agenda y los mandatos de la CALC con los del Grupo de Río en la nueva entidad regional.

4.1.3 La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)

En febrero de 2010 se realizó en la Riviera Maya, la II Cumbre CALC, en el marco de la llamada Cumbre de la Unidad, donde se realizaron simultáneamente la Cumbre CALC y la XXI Cumbre del Grupo de Río. La III Cumbre CALC estaba programada para el mes de julio 2011 en Venezuela, la enfermedad del presidente Chávez obligo a su postergación. Esta ha sido convocada para el mes de diciembre del 2011.

En esa ocasión los mandatarios y mandatarias de la región acordaron la creación de la CELAC cuyos objetivos principales según se lee en la Declaración de la Unidad21 deberán ser:

- Impulsar, la integración regional con miras a la promoción de nuestro desarrollo sostenible.
- Promover la concertación política, el impulso a la agenda latinoamericana y caribeña en foros globales, y un mejor posicionamiento de América Latina y el Caribe ante acontecimientos relevantes del ámbito internacional.
- Fomentar los procesos de diálogo con otros Estados, grupos de países y organizaciones regionales, para fortalecer la presencia de la región en el escenario internacional.
- Promover la comunicación, la cooperación, la articulación, la coordinación, la complementariedad, y la sinergia entre los organismos e instituciones subregionales.
- Incrementar nuestra capacidad para desarrollar esquemas concretos de diálogo y cooperación internacional para el desarrollo, tanto dentro de la región, como con otros Estados y actores internacionales.
- Fortalecer la cooperación en los temas y de acuerdo a los mandatos establecidos tanto en la Declaración de Salvador, Bahía, como en el Plan de Acción de Montego Bay y en otros documentos que puedan incorporarse con base en el más amplio espíritu de integración.
- Promover la implementación de mecanismos propios de solución pacífica de controversias.

Asimismo se acordó que durante el proceso de construcción de esta nueva iniciativa las cumbres de la CALC y del Grupo de Río se celebrarán como un Foro simultaneo en donde ambos mantengan sus respectivos métodos, procedimientos y prácticas. Además de reunirse en un foro unificado.

4.1.4 Algunas posibles potencialidades y debilidades de la CELAC frente al contexto de la integración regional latinoamericana

Potencialidades
- Racionalización de las cumbres y los acuerdos: La Diplomacia de Cumbres es la forma que ha adoptado el multilateralismo de la segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI. Dado el nivel de quienes participan en ellas, las Cumbres crean y definen la agenda regional y subregional. Las cumbres presidenciales abordan las temáticas cruciales de la agenda hemisférica internacional. Además de la cantidad importante de Cumbres que se realizan cada año debe agregarse el hecho de que durante el periodo 2007- 2010, los mandatarios y mandatarias de la región adoptaron y acordaron un total de 2.443 puntos sobre diversos temas en las distintas reuniones reseñadas. La posibilidad de darle seguimiento a tantos compromisos políticos, así como de poder trasladarlos a la práctica representa todo un reto –muy difícil de cumplir- para la diplomacia latinoamericana. La CELAC podría tener un efecto positivo en la disminución de los encuentros de los Jefes y Jefas de Estado racionalizando su agenda internacional al concentrarla en gran parte en este Foro de carácter eminentemente político y produciendo una recalendarización de estas.

- Disminución de la duplicación de esfuerzos: En el Plan de Acción de Montego Bay, en la Declaración de Salvador de Bahía y en la Declaración de Cancún se establece como punto central el diálogo e intercambio de experiencias en los diferentes ámbitos.

- Reflejo de la voluntad política: La amplia asistencia presidencial a la Cumbre de la CALC y la del G Rio, así como la atención que se le dio a estas dos Cumbres desarrolladas en Cancún, reflejan la voluntad de los gobiernos de lograr una mayor cohesión y una integración latinoamericana más efectiva. La creación de la CELAC reflejaría más que nunca, el compromiso político de las naciones latinoamericanas y caribeñas de construir una agenda común, posiciones compartidas y espacios comunes para beneficio de la región, en la perspectiva de obtener un mayor peso en el escenario internacional.

- Construcción de posiciones latinoamericanas: El contexto global de reordenamiento y de falta de legitimidad de las instancias globales genera espacios para un mayor margen de acción de los países latinoamericanos y caribeños. Este se logrará si la región, por medio de la CELAC, es capaz de concordar visiones, intereses y cursos de acción para una mejor inserción internacional que permita avanzar en forma simultánea en el desarrollo nacional y regional. Esto se debe expresar en una sola voz en los temas prioritarios de la agenda.

- Construcción de confianza en el alto nivel: Las Cumbres presidenciales representan un espacio privilegiado para que los mandatarios y mandatarias se conozcan y puedan expresar y dialogar sobre sus intereses, posiciones y visiones. En medio de una reconfiguración del mapa político latinoamericano -entre el 2009 y el 2010 se realizaron 10 elecciones presidenciales-, este espacio puede resultar en una buena oportunidad para el desarrollo y construcción de la confianza; y para el intercambio con los nuevos y nuevas gobernantes. Es aquí donde se debe construir una agenda compartida.

- Disminución de las diferencias entre la América del Norte y la América Latina del Sur: Una relación más cercana entre la América Latina del Norte, el Caribe y la América Latina del Sur puede promocionar y dar mayor peso a las iniciativas latinoamericanas que algunos grupos de países han venido creando en los últimos años, como por ejemplo el Banco del Sur, el Consejo de Defensa Sudamericano, y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

- Efectos negativos sobre los avances en la institucionalización de la concertación política regional: Dado los éxitos que ha logrado el Grupo de Río en el ámbito político, el pretender utilizarlo como base para una nueva instancia regional podría tener eventuales efectos negativos. En la medida en que la CELAC involucra una serie de aspectos y temas que van más allá de la concertación política de la que se ocupa el Grupo de Río, y que por tanto podría diluirse este componente esencialmente político, que ha resultado ser tan efectivo; y, en forma paralela, quedar inmerso en un marasmo en temas sectoriales.

Debilidades
- Dificultad para abarcar una agenda muy amplia: La multiplicidad de temas de la Agenda de la CALC que se proponen asuma la CELAC, refleja el enorme reto al que se enfrentaría esta nueva instancia. La dispersión de acciones, así como la adopción de compromisos que nunca llegarán a cumplisr y ejecutarse en la práctica, resulta previsible si se considera la diversidad de visiones que involucraría un foro de 33 países, muy diversos, y con intereses distintos, al igual que sus respectivas capacidades de respuesta e implementación.

- Dificultad para construir consensos: Si bien la voluntad política para construir una visión latinoamericana es más fuerte hoy que nunca, lo cierto es que las diferencias ideológicas que se han venido observando entre los países de la región, sumado a las viejas disputas entre algunas naciones, expresan la dificultad que implicará el construir un proceso de toma de decisiones conjuntas en temas ya de por sí controversiales.

- El tiempo en la política: El reto al que se enfrentaría la CELAC, en un contexto de débiles bases de confianza recíproca es que se requerirá una alta dosis de voluntad política, de todos, para avanzar en la construcción de una agenda compartida. Máxime cuando el tiempo de superposición de los mandatos presidenciales en la región es breve. A ello se debe añadir que no en todos los casos existen y se desarrollan políticas de Estado en lo referido a política exterior.

5. Desarrollo e integración en tiempos de revalorización de la política

Los cambios en las modalidades de integración regional no son fenómenos aislados sino que se relacionan con las transformaciones que están experimentado los países de la región respecto a su forma de pensar la política, la soberanía, el desarrollo y el bienestar. La mayoría de las opciones han puesto énfasis e importancia en el crecimiento económico. En los diversos ciclos se le han asignado diferentes roles al Estado. Los procesos de integración económica y comercial siempre se han ubicado en un lugar importante del imaginario político.

El nuevo enfoque del regionalismo se caracteriza por 6 principios claves: a) El predominio de la agenda política sobre la agenda comercial; b) La recuperación de la agenda del desarrollo, desplazando a las políticas del Consenso de Washington y distanciándose de las orientaciones del regionalismo abierto; c) El retorno del Estado frente al protagonismo del sector privado y las fuerzas del mercado dominantes en el modelo anterior; d) Un mayor énfasis en la agenda positiva de la integración, centrada en la creación de instituciones y la promoción de políticas comunes, junto con una cooperación más intensa en ámbitos no comerciales; e) Mayor preocupación por las carencias de integración física regional, con el objetivo de mejorar la articulación de los mercados nacionales; y f) Mayor relevancia dada a las dimensiones sociales de la integración y al tratamiento de disparidades y asimetrías interestatales y subnacionales, vinculando la integración regional con los objetivos nacionales de reducción de la pobreza y de desigualdad.22

Actualmente, ante el agotamiento del modelo neoliberal, existe un acuerdo generalizado en la necesidad de aproximarse a un modelo de desarrollo sustentable en donde el Estado y la Política adquieran nuevamente un rol central como orientadores del desarrollo.

El conjunto de transformaciones poseen implicancias político estratégicas evidentes. Estamos inmersos en un profundo cambio de las relaciones de poder mundial. Constatamos la emergencia de nuevos actores y nuevos poderes. Aún no se desarrollan ni se construyen nuevas hegemonías. Las antiguas están en un proceso de debilitamiento que posee ritmos diferentes al de la construcción de las nuevas. Los cambios en el sistema internacional global no terminan de decantarse. En América Latina, Brasil surge como potencia regional de proyección global.

Junto a lo anterior el mundo enfrenta desafíos transnacionales de carácter global de alto impacto en todo el planeta. Éstos, al igual que los fenómenos de interdependencia, son altamente asimétricos, volátiles y no responden a ciclos o patrones claramente establecidos. La principal manifestación de estos fenómenos transnacionales es el cambio climático. Este se manifiesta en eventos climáticos extremos que afectan a todas las regiones y países del mundo. Algo similar podemos señalar respecto a las pandemias, aunque éstas poseen un impacto muchísimo mayor sobre las poblaciones vulnerables, en especial de los países en desarrollo. La emergencia del crimen organizado es un fenómeno que se manifiesta en todos los países y regiones del mundo. En algunos de ellos adquiere una fuerza y gravitación que pone en cuestión la capacidad del Estado para controlar el territorio nacional generando desestabilización e inestabilidad más allá de las fronteras.

América Latina tiene ante sí la posibilidad de dar un salto cualitativo en su desarrollo. En la actualidad y hasta el momento, dado el menor impacto de la crisis financiera en los países de la región, las significativas reservas de recursos naturales, el nivel de capacitación de su población y el grado de autonomía política de sus países, generan oportunidades para que en menos de una década varios países alcancen el nivel de ingreso de los países desarrollados. De allí que se indique que estamos en presencia de la Década Latinoamericana.

Es esencial reconocer que en la región existen distintas visiones, caminos y estrategias para alcanzar el desarrollo, sin embargo, es posible encontrar algunas características comunes que tienden a conformar lo que pudiéramos denominar un nuevo paradigma de desarrollo latinoamericano. Entre los aspectos que conforman esta nueva perspectiva está el desarrollo y consolidación democrática de la región, que busca mecanismos para recoger la diversidad nacional. En segundo lugar se destaca el rol del Estado, su modernización constante para generar capacidades de control y desarrollar políticas de calidad. En tercer término el rol de la integración regional y la concertación y conformación de entidades de interlocución política regionales es un aspecto esencial para buscar nuevas formas de inserción e incidencia globales. Esto porque los países pequeños son tomadores de oportunidades y no gestores de políticas globales, de ahí que una sola voz de la región permite por lo menos incidir en ese concierto global23.

Sin embargo, a pesar de que los discursos buscan colocar a la integración como el medio a través del cual América Latina puede alcanzar objetivos políticos, sociales, económicos y culturales; en la práctica continúan operando varias paradojas24:

- más democracia con mayor desencanto
- mas crecimiento del comercio con menos integración
- mas crecimiento económico con más desigualdad
- retórica integracionista con acciones fragmentadoras
- discurso cooperativo con escalamiento de tensiones
- diseños institucionales complejos con debilidades estructurales
- respuestas convencionales a guerras no convencionales (crimen, Narco, etc.)
- una mayor participación en el contexto internacional sin una voz común.
- mas autonomía en el sistema internacional sin voz propia
- se combaten guerras transnacionales como si fuesen tradicionales.

En tiempos de repensar los paradigmas que hasta ahora habían servido para dirigir el desarrollo de los países latinoamericanos y para configurar la forma en que comprendíamos y percibíamos las problemáticas centrales, se observa una revalorización de la importancia de la política. Los procesos de integración regional no deben estar exentos de esta tendencia y por el contrario deben sacar el mayor provecho de la coyuntura actual para poder avanzar en una integración latinoamericana y caribeña que realmente le permita alcanzar metas que permitirán lograr un mejor desarrollo de las naciones latinoamericanas y sus poblaciones.

6. Reflexiones finales:
Retos de los nuevos esquemas de integración política

A pesar de las buenas intenciones y el reimpulso que ha tomado la necesidad de crear mecanismos de integración política que permitan darle un sentido más real y efectivo a la integración de la región, los nuevos mecanismos se enfrentan a una serie de desafíos que deberán superar para poder avanzar en sus objetivos y en la construcción de un sentido político estratégico.

- Se requiere la capacidad de relacionarse de manera eficiente y efectiva con las instancias subregionales, todas ellas que poseen espacios de debate político y amplios espacios de concertación para la cooperación económica, social, cultural y otras. La UNASUR deberá hacer lo propio tanto con las iniciativas subregionales suramericanas, como en su relacionamiento con el resto de América Latina y el Caribe. En términos de la CELAC ésta debe, desde el inicio, ubicarse en un plano superior de orientación político estratégica latinoamericano y caribeña para poder ejercer su liderazgo.

- La ratificación parlamentaria de estos mecanismos es un reto importante para que pasen a estar formalmente constituidos y se les de mayor legitimidad. Como sucedió con UNASUR, el lapso de tiempo que puede consumir este proceso puede ser mayor que el de los gobiernos actualmente en ejercicio, e incluso de los gobiernos nuevos que están asumiendo.

- La multiplicidad de temas en las agendas de los mecanismos de integración llevan a la dispersión de acciones, así como la adopción de compromisos que nunca llegarán a la práctica.

- Debe encontrarse la manera de lograr que acuerdos importantes que se logren concretar, reto difícil si se considera la diversidad de visiones e intereses entre los países, así como las distintas capacidades de respuesta e implementación.

- Las diferencias ideológicas que se han venido observando entre los países de la región, sumado a las viejas disputas entre algunas naciones, expresan la dificultad que implicará el construir un proceso de toma de decisiones conjuntas en temas ya de por sí controversiales.

- Concertar agendas y transformarlas en un plan de acción sustantivo demanda tiempo, esfuerzo, además se requiere definir los recursos necesarios para su implementación.

- Las diferencias respecto a cómo llevar a cabo las acciones prioritarias en el área y en el sistema global son evidentes. Algunos de los países de América del Sur apuntan cada vez más a acciones suramericanas, mientras que los países de América Central, junto con otros como México y Colombia, aún se muestran fuertemente dependientes de las acciones y propuestas de los Estados Unidos.

- En tiempos de repensar el rol el Estado se debe evitar el camino propio que centra toda su atención en las dinámicas internas y que olvidan que mediante su relacionamiento efectivo con otras naciones se pueden obtener objetivos beneficiosos para la población que de manera aislada no podrían lograrse.

A la pregunta ¿es la integración política un nuevo camino hacia la integración latinoamericana como lo fue la integración económica en el pasado? La respuesta varía según la América Latina de la que se hable, Suramérica pareciera haber estado más cerca de eso que la parte Norte de América Latina.

La crisis se ha transformado en una oportunidad para lograr mayor concertación y coordinación de políticas. Los líderes demandan esfuerzos mayores para concretar acuerdos en materias macroeconómicas y medidas para enfrentar la revalorización de las monedas nacionales, lo que incide en las exportaciones y atrae capitales de alta volatilidad.

De igual forma la crisis también conlleva el riesgo de separar aun más a la región norte de la del sur, por un lado y por el otro, alentar el surgimiento de políticas con un sello nacionalista, aislacionistas o de camino propio.

Sin integración no avanzaremos en superar los desafíos actuales, ni los emergentes. En el contexto internacional actual la única opción es afianzar la coordinación regional. Europa pese a todo lo avanzado sufre los embates de la crisis y la única opción viable señalada por sus líderes es más integración. “El mejor modo de evitar la desintegración es avanzar hacia una mayor unidad fiscal y económica. Para nosotros, la única solución es más integración, no menos”25. En América Latina, desde Brasil se señala la necesidad de un camino estratégico de alianzas, “porque con la crisis internacional, la mejor forma de enfrentar la situación es con la integración de los países de América del Sur”26.

La democracia se ha consolidado en la región. No obstante, esta corre riesgos significativos por la baja valoración de los instrumentos democráticos: el sistema judicial, el parlamento y los partidos políticos. Sin una reflexión profunda sobre las trabas que evidencian los diferentes sistemas políticos, sin una mirada que de cuenta de la demanda de participación de amplios sectores en un contexto de incremento de los espacios de comunicación, la confianza continuará erosionándose no sólo en estas instituciones políticas sino en el conjunto del sistema. Con una confianza limitada se restringen las posibilidades de desarrollo de la sociedad y de emprender tareas colectivas como las que impone el desarrollo en el actual contexto de globalización. De allí que profundizar en las tendencias y en las formas en que los países de la región abordan las dimensiones sociales y el nuevo rol del Estado es camino fundamental para recobrar la confianza y ampliar las oportunidades de inclusión, reduciendo y limitando la desafección.

En un contexto de cambios acelerados de relaciones de poder, el multilateralismo se reafirma como la mejor opción para lograr los equilibrios que puedan mantener la paz y la estabilidad internacionales. América Latina es una región de Paz, es esencial mantener esta condición como base para la construcción democrática y para el desarrollo. La Diplomacia de Cumbres es la forma que ha adoptado el multilateralismo en el siglo XXI. Es un tipo de diplomacia ad hoc. No posee una institucionalidad formal como la diplomacia parlamentaria. Tiende a la superposición. Se crean iniciativas y a la vez iniciativas anteriores quedan congeladas, no se descartan, quedan por si fuese necesario volver a ponerlas en acción. A pesar de ello, este es el mejor espacio de diálogo, de concertación de visiones y suscripción de iniciativas. Como parte de esta diplomacia se desarrollan un conjunto de acciones que conforman un proceso cada vez más complejo de construcción de un discurso capaz de reflejar los diferentes intereses y recoger las principales preocupaciones de los líderes involucrados en el proceso, más allá del poder específico de cada Estado implicado en la iniciativa. De allí que la región convivirá en medio de una sobreoferta de iniciativas y en medio de una amplia red de instancias institucionales de carácter globales, transregionales, macroregionales, subregionales y acuerdos bilaterales nacionales y subnacionales.

Con estos instrumentos será necesario superar los déficits y las paradojas de la integración. Lo anterior demandará mayor creatividad para, en un contexto de baja institucionalización, poca coordinación, falta de acuerdos vinculantes y en general respuestas reactivas, transitar hacia compromisos efectivos y procesos en los que se satisfagan las promesas, y con ello todos puedan alcanzar las metas propuestas. El diseño y construcción de bienes públicos regionales permite, más allá de cada Estado, satisfacer los intereses de la ciudadanía y obtener una mayor eficiencia con menores recursos, posibilitando un acceso ampliado.

Recuperar un sentido de metas centradas en el ser humano, en su desarrollo y potenciamiento es lo que permite recobrar los valores universales de la Declaración de los Derechos Humanos, desde sus orígenes en la revolución francesa a las metas colectivas que hoy nos hemos propuesto con los Objetivos del Milenio. El desarrollo humano es el camino para enfrentar los desafíos del presente y de manera cooperativa construir un futuro diferente, que ubique los valores y la dignidad de las personas en el centro. Una de las mejores formas que tenemos para ello es concertarnos, asociarnos y promover una integración efectiva, vinculante e institucionalizada.

Notas

1 Algunas de las ideas aquí presentadas pueden encontrarse en Rojas Aravena, Francisco (2011) América Latina y el Caribe: Multilateralismo y Soberanía: La Construcción de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Editorial Teseo. FLACSO Secretaría General; y Rojas Aravena, Francisco. (2011) “Potencialidades y Desafíos de la CELAC en el Contexto de un Nuevo Regionalismo”, en Pensamiento Propio. Los Desafíos del Multilateralismo en América Latina. Nº33. Enero- Junio 2011. Año 16. También en Altman, Jossette y Rojas Aravena, Francisco “La década latinoamericana: integración y multilateralismo para el desarrollo”, en Altman, Josette; Beirute, Tatiana; Falconi, Fander y Rojas Aravena, Francisco. América Latina y el Caribe: “Perspectivas de Desarrollo y Coincidencias para la Transformación del Estado” FLACSO-Secretaría General. AECID. San José, Costa Rica. (En prensa)

2 Soros, George. (2911) “Es hora de Pensar lo impensable en Europa”, en La Nación. Costa Rica, 19 de septiembre de 2011. Pp40A

3
Rojas Aravena, Francisco (2007) La Integración Regional. Un Proyecto Político Estratégico. III Informe del Secretario General de FLACSO. FLACSO-Secretaría General, San José, Costa Rica. Disponible en: www.flacso.org

4 Corporación Latinobarómetro. (2010). América Latina Mira al Mundo. Globalización y las relaciones con otros países del mundo. Santiago, Chile. 2010. En: www.latinobarometro.org

5 Serbin, Andrés. (2011) “Regionalismo y Soberanía Nacional en América Latina: Los Nuevos Desafíos” en Rojas Aravena, Francisco. (Editor) América Latina y el Caribe: Multilateralismo Vs Soberanía: La Construcción de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. FLACSO: Editorial Teseo. Buenos Aires, Argentina. También Sanahuja, José Antonio. (2011) “América Latina y la Unión Europea: Estrategias y Opciones tras la Cumbre de Madrid, en Rojas Aravena, Francisco (2011) América Latina y el Caribe: Multilateralismo y Soberanía: La Construcción de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Editorial Teseo. FLACSO Secretaría General; Sanahuja, Jose Antonio y Cienfuegos, Manuel. (2010) La construcción de una región. UNASUR y la integración en América del Sur. Barcelona, CIDOB / Bellaterra

6
Jaramillo, Grace. (2011) “El Doble Movimiento Sudamericano: Construcción Regional y Gobernanza Global”, en Altmann Borbón, Josette; Rojas Aravena, Francisco y Beirute Brealey, Tatiana (editores) América Latina y el Caribe: ¿Integrados o Marginados? FLACSO/CAF: Editorial Teseo. Buenos Aires, Argentina

7
Bonilla, Adrián. (2010) Integración y Defensa. El Consejo Sur Americano de Defensa. Ponencia presentada en la Mesa Redonda “La Dimensión Sectorial de la Integración Latinoamericana” realizada el II Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales de FLACSO. México. Mayo

8
Serbin, Andrés. (2011) Op Cit.
9 Ibid.

10 FLACSO- Secretaría General. (2007) Dossier Comunidad Sudamericana de Naciones. Serie de Cuadernos de Integración Regional. FLACSO- Secretaría General. En: www.flacso.org

11
Ibid.

12 Bonilla, Adrián y Long, Guillaume (2010) “Un nuevo regionalismo sudamericano. Presentación del dossier.” en: Íconos. Revista de Ciencias Sociales. No. 38. Escenarios políticos y regionalismo en América Latina. FLACSO-Ecuador, Quito, Ecuador, setiembre, pp. 23-26.

13
Ibid., p. 25.

14
Cardona, Diego. (2011) Presentación en el Seminario Internacional Multilateralismo y Nuevas Formas de Integración en América Latina en el Contexto Global, realizado por FLACSO Secretaría General, la Fundación Carolina y CIDOB los días 4 y 5 de julio de 2011

15
Ibid

16
Ubeda, Gioconda. (2011) “El Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica”, en Altmann Borbón, Josette; Rojas Aravena, Francisco y Beirute Brealey, Tatiana (editores) América Latina y el Caribe: ¿Integrados o Marginados? FLACSO/CAF: Editorial Teseo. Buenos Aires, Argentina.

17 FLACSO. Dossier Grupo de Río. Serie de Cuadernos de Integración en América Latina. FLCASO. Secretaría General. 2007. En: www.flacso.org

18 Romero, Antonio. (2011) “Los desafíos del proceso de integración en América Latina y el Caribe: Las propuestas de la CALC y la CELAC”. Presentación en el Seminario Internacional Multilateralismo y Nuevas Formas de Integración en América Latina en el Contexto Global, realizado por FLACSO Secretaría General, la Fundación Carolina y CIDOB los días 4 y 5 de julio de 2011

19
Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC). (2008) Declaración de Salvador, Bahía. 16 y 17 de diciembre, 2008. Costa de Sauípe, Bahía, Brasil.

20 Grupo de Río. (2009) Tercera Reunión de Coordinadores Nacionales. Propuesta de México para Conformar una Nueva Organización Regional. 27 de marzo, 2009

21 Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe. (2010) Declaración de la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe. 22 y 23 de febrero, 2010. Cancún, México

22 Sanahuja, Jose Antonio cit. p. Chaves, Carlos Alberto (2010) “La inserción internacional de Sudamérica: la apuesta por la UNASUR.” En: Íconos. Revista de Ciencias Sociales. No. 38. Escenarios políticos y regionalismo en América Latina. FLACSO-Ecuador, Quito, Ecuador, setiembre, p. 32.

23 Rojas Aravena, Francisco. (2011) “Introducción” en Aportes a la XXI Cumbre Iberoamérica: Distintas miradas, diferentes caminos para metas compartidas. El bienestar y el desarrollo. FLACSO- Secretaría General/ AECID. En prensa.

24
Altmann Borbón, Josette y Rojas Aravena, Francisco (editores) (2008) Las paradojas de la Integración en América Latina y el Caribe. Fundación Carolina/Siglo XXI Editores. Madrid

25 Blair, Tony; Delors, Jaques; Schoder, Gerhard; Gonzalez, Felipe, et al. (2011) “Europa es la solución no el problema”, en El País. 8 de septiembre de 2011. Pp27 y 28.

26 Pimentel, Fernando. (2011). Entrevista en El Mercurio. 27 de agosto de 2011. pA6

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